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El 20 de junio, en el Día Mundial del Refugiado, rendimos homenaje a la resiliencia y el coraje de los más de 65 millones de personas que se han visto obligadas a huir de la guerra, la persecución y la violencia. Pero este también es un momento para reconocer a aquellas comunidades y personas en todo el mundo que acogen a los refugiados y desplazados internos, ofreciéndoles un entorno seguro, y recibiéndoles en sus escuelas, lugares de trabajo y sociedades.

Actualmente vivimos en un mundo en la que la incertidumbre abunda; la inestabilidad económica, la agitación política y la violencia que vivimos cerca de nuestros hogares pueden provocar que queramos cerrar nuestros ojos y nuestras puertas. Sin embargo, el miedo y la exclusión no nos pueden llevar a un mejor lugar, solo pueden crear barreras, alienación y desesperanza.

Llegó la hora de cambiar esta trayectoria para bien.

En un sinnúmero de comunidades en todo el mundo, incluso en los países más pobres, que acogen a la gran mayoría de las personas refugiadas, empresarios, comunidades religiosas, profesores, periodistas y muchos otros se están uniendo para brindar refugio a las personas desplazadas y promover su inclusión en sus sociedades.

En el trabajo del ACNUR, a menudo en la primera línea de los conflictos, día tras día podemos ofrecer testimonios del coraje, la tenacidad y la brillantez de las personas refugiadas.

A pesar de haber perdido sus hogares, sus empleos, y en algunas ocasiones a sus familias, no se dan por vencidos, y encuentran una manera de empezar de nuevo. Esforzándose para pertenecer y contribuir, se acercan a sus nuevos vecinos, creando conexiones y construyendo nuevas oportunidades. Según nuestra experiencia, en el entorno adecuado, las personas refugiadas traen consigo soluciones, no problemas.

La inclusión requiere que abramos nuestras mentes, nuestros corazones y comunidades a los refugiados. Requiere un esfuerzo de toda la sociedad, que reúna a estudiantes, empresarios, atletas, activistas, líderes religiosos, políticos y artistas, para para compartir las responsabilidades. Y la acogida de las personas refugiadas no puede darse a expensas de la ayuda que se brinda a los demás, sino que debe aumentar el apoyo a todas las personas que necesitan una mano.

Existen ejemplos excepcionales de esto en aldeas, pueblos y ciudades en países de todos los continentes. En formas grandes o pequeñas, comunidades en todo el mundo muestran su solidaridad #ConLosRefugiados, reconociendo que cuando las personas trabajan juntas, todos ganan.

Así que en el Día Mundial del Refugiado, cuando hagamos una pausa y contemplemos el destino de millones de personas que no pueden retornar a sus hogares esta noche debido a la guerra o la persecución, también será el momento para preguntarnos qué puede hacer cada uno de nosotros para superar la indiferencia o el temor, y abrirnos a la idea de la inclusión para acoger a las personas refugiadas en nuestras comunidades, y contrarrestar los discursos que buscan excluir y marginar a los refugiados y a otras personas desplazadas.

Porque cuando mostramos nuestra solidaridad #ConLosRefugiados, también mostramos nuestro apoyo al respeto y la diversidad para todas las personas.

Sobre ACNUR

La Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR es una organización global dedicada a salvar vidas, proteger los derechos y ayudar a construir un futuro mejor para las personas refugiadas, las comunidades desplazadas forzadamente y las personas apátridas. Con la experiencia de casi siete décadas de trabajo, en 125 países, y gracias a unos 9.700 profesionales, ACNUR brinda apoyo a alrededor de 55 millones de personas en su lucha por la supervivencia, para recuperar la esperanza y encontrar de nuevo un hogar.

Asentados en la tradición humanitaria de las Américas. A través del Plan de Acción de Brasil (PAB, 2014), firmado por los Estados de la región, incluido Ecuador, América Latina ha reafirmado su defensa de los derechos de refugiados, desplazados internamente y apátridas.

En Ecuador trabajamos en el terreno desde hace más de 15 años, en favor de la población que huye de los conflictos y de aquéllos que les dan acogida. A través de la colaboración con el Estado, en sus diversos niveles, así como de organizaciones de la sociedad civil y de las propias comunidades, contribuimos a que los refugiados construyan un futuro mejor.

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